LA DERIVA TOTALITARIA

Hace poco hemos asistido a un intento por parte del gobierno de aprobar unas medidas que modifican nada menos que 26 leyes, así, por las bravas; y lo peor de todo, sin pasar por el congreso aunque sea para disimular. Han tenido que dar marcha atrás por la polémica generada, pero lo han intentado. Y se excusan diciendo que son medidas buenas, olvidando que no están en posesión de la verdad absoluta y que prefiero que me las muestren y yo les diga si me gustan o no, incluso con el riesgo de equivocarme.

En realidad, esto no es más que otro paso en la involución democrática que observamos últimamente; son ejemplos la propuesta de modificación de la ley del aborto que sin entrar en más detalles (es un tema de conciencia de cada uno y por ello prefiero no opinar), pretendía llevar a término embarazos de fetos inviables (ejemplo: anencefalia) o muertos, despreciando el hecho de que esa medida es una tortura inimaginable para la madre; o la propuesta de que sólo gobiernen los alcaldes de las listas más votadas (curiosamente eso beneficia a la derecha, que es la que lo propone, dado que la unidad de partidos es mayor que en la izquierda), medida que es casi la imposición de un alcalde, dado que mucha gente vota a un partido independientemente del cabeza de lista; si queremos que se elija a un alcalde directamente, hagamos como en Estados Unidos y hagamos elecciones a alcalde independientemente del resto de concejales y elijamos a la persona y no al partido. Hay muchos más ejemplos que denuncian constantemente gente mejor preparada e informada que yo; así, a bote pronto, sugiero revisar muchos de los artículos firmados por Javier Marías.

Pero tengamos en cuenta una cosa: esta deriva totalitaria sólo es posible si nosotros lo consentimos, cosa que ahora mismo estamos haciendo, sea por los motivos que sea. Sé que no estaremos mejor con los partidos de izquierda, puede que incluso peor. A lo mejor lo que es necesario es jubilar a toda esta panda de políticos y partidos y empezar con nuevos «actores».

En todo caso, reaccionemos antes de que sea tarde.

«El totalitarismo será siempre una tentación, las decisiones se toman más rápido que en democracia» (Albert Jacquard).


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