LOS POLÍTICOS Y SU TORRE DE MARFIL

Es curiosa la capacidad que tienen los políticos de interpretar los datos. Se puede ver después de cada elección, cuando pierden, las respuestas que suelen dar; la culpa es de las malas artes de la oposición, la gente no sabe lo que quiere o lo que le conviene, no supimos comunicar nuestras propuestas… Nunca se plantean que a lo mejor a la gente no le interesa lo que ofrecen o que ya están hartos de ellos. Ahora tenemos un partido político que ha puesto todo el panorama patas arriba, cosa que hace tiempo que hacía falta; francamente, a mí me parece que son demasiado radicales, con propuestas irrealizables o peligrosas, pero que pueden ser el Pepito Grillo que necesita nuestra política. Han aparecido otros no tan radicales, con propuestas interesantes y, sobre todo, con un aire de renovación más que interesante. La reacción de los partidos «tradicionales», todos ellos, ha sido la de acabar con el mensajero; por supuesto, ellos son la solución y estos partidos radicales son «la bicha». Como es habitual, se olvidan de que detrás de los votos hay personas, totalmente respetables, la ciudadanía a la que dicen defender, pero a la que indirectamente se dedican a insultar.

Y es curioso, porque las encuestas dejan claro el mensaje y, como siempre, no lo captan: más de la mitad de los que dicen que van a votar a dicho partido están en contra de su programa; ¿nos hemos vuelto todos tontos o quizá estamos mandando un mensaje que nadie es capaz de captar? Si aún así no entienden lo que ocurre y se quitan de en medio para dejar paso a una nueva generación, a nuevas ideas, a menos corrupción, a nuevas esperanzas, ¿qué nos queda a los ciudadanos? ¿La revolución?

«La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados» (Groucho Marx).


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