LA PUBLICIDAD HONESTA

La publicidad ha de ser honesta, no mentir ni decir medias verdades. Tampoco creo que para anunciar las excelencias de tu producto tengas que hacerlo demostrando que la competencia no es buena; sobre todo si en realidad manipulamos a la audiencia haciéndonos creer que el otro productor dice una cosa cuando no la dice (al fin y al cabo nadie lo va a comprobar y nos lo acabamos creyendo; tendemos a creer más lo negativo). Se supone que hay un organismo autorregulador que también se anuncia y que nos hace creer que la publicidad es la leche de honesta y que no se puede ser más honrado de lo que ellos son. Y me molesta que me engañen y sobre todo que me tomen por tonto.

Pondré un ejemplo sencillo; no quiero dar nombres, pero creo que todos sabemos de qué producto se trata. Hay una marca determinada y bastante conocida de pasta alimenticia. Se anuncia, como todos, diciendo que su producto es el mejor y que es tontería renunciar a las excelencias de dicho producto por una diferencia con el resto de marcas de sólo 5 céntimos. En letra muy pequeña, ilegible y que apenas está unos pocos segundos en pantalla, nos dicen la fuente en la que se basan (¿no dijo el gobierno casi nada más empezar esta legislatura que regularían el tamaño de la letra pequeña? Parece que lo olvidaron pronto y eso que era una medida que no implicaba costes para el erario público tan necesitado al parecer de recortes en el estado de bienestar). No sé si es una media verdad o si directamente mienten como bellacos; pero he querido comprobarlo y al hacer la compra en mi supermercado habitual he visto que la marca blanca de pasta que venden de tamaño y formato equivalentes cuesta 39 céntimos menos.

No hay nada como las demostraciones empíricas.

«En el mundo de la publicidad no existe la mentira, sólo convenientes exageraciones» (Roger O. Thornill/Cary Grant).


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